La sequía durante el embarazo aumenta el riesgo de parto prematuro y de alteraciones en el crecimiento fetal

25/08/2026 | Tiempo de lectura: 10 min.
Dr. Otavio Ranzani i Dra. Aline Rocha

El cambio climático está haciendo que las sequías sean más frecuentes, prolongadas e intensas en numerosas regiones del planeta, lo que aumenta la necesidad de conocer sus efectos sobre la salud. Un estudio internacional, coordinado científicamente por el Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) juntamente con el Centro de Integración de Datos y Conocimientos para la Salud (CIDACS, Brasil) y basado en cerca de 30 millones de nacimientos registrados en Brasil durante dos décadas, muestra que la exposición a la sequía durante el embarazo se asocia con un mayor riesgo de parto prematuro y, cuando se prolonga durante buena parte de la gestación, con una mayor probabilidad de que el bebé sea pequeño para su edad gestacional. La coincidencia con episodios de calor extremo incrementa todavía más el riesgo de prematuridad.

La investigación, publicada en The Lancet Regional Health – Americas, forma parte del proyecto «Influencia de eventos climáticos adversos en los resultados de nacimiento y en la nutrición materna e infantil utilizando datos de la Cohorte de 100 Millones de Brasileños», financiado por la Fundación Gates a través de su programa Grand Challenges en colaboración con el Ministerio de Salud de Brasil (DECIT) y el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq). El análisis se ha centrado en una población especialmente vulnerable desde el punto de vista socioeconómico y también ha evaluado cómo varían los efectos de la sequía según las condiciones ambientales y sociales de cada territorio.

La Dra. Aline Rocha, investigadora del grupo SalutData Lab – Laboratorio de Datos y Salud del IR Sant Pau, es la investigadora principal del proyecto y la primera autora del artículo. El Dr. Otavio Ranzani, jefe de este mismo grupo, es el coordinador científico del proyecto y coautor del estudio. La Dra. Rocha realiza actualmente una estancia posdoctoral en Sant Pau bajo la supervisión del Dr. Ranzani, durante la cual están ampliando esta línea de investigación para analizar los posibles efectos de la sequía sobre el crecimiento infantil hasta los cinco años.

«Nuestros resultados muestran que la sequía no es únicamente un fenómeno ambiental o agrícola, sino también un posible determinante de la salud materna e infantil. Es un claro ejemplo de salud planetaria: de cómo los cambios en el clima y en los sistemas naturales pueden acabar repercutiendo en la salud humana», explica la Dra. Rocha.

Veinte años de nacimientos y exposición climática

El estudio analizó los nacimientos registrados en Brasil entre 2001 y 2020 mediante la vinculación de datos de la Cohorte de los 100 Millones de Brasileños y el Sistema de Información sobre Nacidos Vivos del país, una cohorte desarrollada y mantenida por el CIDACS. Junto a eso, la información ambiental fue proporcionada por la plataforma CIDACS-Clima, financiada por el Wellcome Trust.

La cohorte está integrada por población registrada para acceder a programas sociales y representa, por tanto, a la mitad socioeconómicamente más desfavorecida del país. Esta característica ha permitido estudiar el impacto de los fenómenos climáticos en un colectivo especialmente expuesto a factores como la inseguridad alimentaria, las dificultades de acceso al agua potable o las limitaciones para recibir atención sanitaria.

Los investigadores evaluaron tres resultados adversos: el parto antes de las 37 semanas de gestación; el bajo peso al nacer entre los bebés nacidos a término, es decir, después de al menos 37 semanas; y el nacimiento de bebés pequeños para su edad gestacional, cuyo peso es inferior al esperado según la semana de gestación y el sexo.

La exposición a la sequía se estimó mediante el Índice Estandarizado de Precipitación-Evapotranspiración (SPEI, por sus siglas en inglés), que tiene en cuenta tanto las precipitaciones como la pérdida de agua asociada a la temperatura. El análisis consideró el déficit de agua acumulado durante los tres, seis y nueve meses anteriores al nacimiento, lo que permitió examinar tanto exposiciones relativamente breves como aquellas mantenidas durante prácticamente todo el embarazo.

Aunque la investigación se centra en Brasil, sus resultados pueden ser relevantes para otras regiones cada vez más expuestas a la sequía y las temperaturas extremas. En la cuenca mediterránea, estos episodios son cada vez más frecuentes y pueden intensificarse como consecuencia del cambio climático, por lo que conocer sus posibles efectos sobre el embarazo resulta también pertinente para países como España. No obstante, los investigadores advierten de que las estimaciones no pueden trasladarse directamente de un territorio a otro, ya que el impacto depende de las condiciones climáticas, las infraestructuras, las desigualdades sociales y la capacidad de adaptación de cada población.

«Brasil nos ofrece una escala de análisis excepcional y permite estudiar el impacto de la sequía en una población especialmente vulnerable, pero el problema no se limita a este país. En el Mediterráneo estamos cada vez más expuestos a periodos de sequía y temperaturas extremas, por lo que necesitamos anticiparnos y conocer cómo pueden afectar a grupos especialmente sensibles, como las mujeres embarazadas y los niños», explica el Dr. Ranzani.

La sequía aumenta el riesgo de prematuridad y puede afectar al crecimiento fetal

La exposición a la sequía se asoció de forma consistente con un aumento relativo aproximado del 2 % en la probabilidad de parto prematuro en las tres escalas temporales analizadas, lo que representa entre 1,4 y 1,7 casos adicionales por cada 1.000 nacimientos. La relación fue especialmente clara al estudiar la exposición acumulada durante seis meses: el riesgo aumentaba progresivamente con la intensidad de la sequía, desde alrededor de un 1 % durante los episodios moderados hasta un 3 % en los severos y un 5 % en los extremos. Los resultados apuntan, además, a que las fases media y final del embarazo podrían ser periodos especialmente sensibles.

«La magnitud relativa puede parecer modesta, pero debemos interpretarla desde una perspectiva poblacional. Las sequías afectan simultáneamente a territorios muy extensos y a millones de personas, por lo que incluso un incremento pequeño puede traducirse en un número considerable de nacimientos prematuros», señala la Dra. Rocha.

Las sequías prolongadas durante seis o nueve meses también se relacionaron con un aumento de entre el 1 % y el 2 % en la probabilidad de que el bebé fuera pequeño para su edad gestacional, especialmente cuando la exposición se produjo durante las fases inicial y media del embarazo.

El estudio también analizó el bajo peso al nacer —menos de 2.500 gramos— exclusivamente entre los bebés nacidos a término. Esta distinción es importante porque un bebé prematuro puede presentar un peso reducido simplemente por haber nacido antes de completar la gestación, mientras que ser pequeño para la edad gestacional indica que pesa menos de lo esperado, teniendo en cuenta la duración del embarazo y el sexo del bebé.

En este análisis no se observó una asociación consistente entre la sequía y el bajo peso al nacer a término. Los resultados apuntan, por tanto, a que los efectos identificados se concentran principalmente en el riesgo de prematuridad y, ante exposiciones prolongadas, en un crecimiento fetal inferior al esperado, sin que pueda afirmarse que la sequía incremente de forma general el bajo peso entre quienes completan al menos 37 semanas de gestación.

Aunque el estudio es observacional y no permite establecer una relación causal ni demostrar los mecanismos implicados, los autores plantean posibles vías como la deshidratación, el estrés térmico, la inflamación, las alteraciones hormonales y las dificultades para acceder a alimentos, agua o atención prenatal. Una exposición prolongada también podría afectar a la nutrición materna y a la función de la placenta, reduciendo el suministro de oxígeno y nutrientes necesario para el desarrollo fetal.

El riesgo de parto prematuro fue todavía mayor cuando la sequía coincidió con episodios de calor extremo, una interacción observada en las tres ventanas temporales estudiadas. «La población no se expone de manera aislada a la sequía. Estos episodios pueden coincidir con olas de calor, incendios forestales, contaminación atmosférica, pérdida de cosechas, encarecimiento de los alimentos o dificultades para desplazarse hasta los servicios sanitarios. La acumulación de riesgos puede aumentar considerablemente la vulnerabilidad durante el embarazo», explica el Dr. Ranzani.

Las condiciones socioeconómicas amplifican el impacto

El impacto de la sequía no fue homogéneo en toda la población. En los municipios con un índice de desarrollo humano muy bajo, la exposición acumulada durante seis y nueve meses se asoció con aumentos aproximados del 8 % y el 10 % en la probabilidad de parto prematuro, respectivamente. Estas cifras son considerablemente superiores al incremento observado en el conjunto de la población analizada.

Los resultados indican que las condiciones socioeconómicas pueden aumentar la vulnerabilidad frente a los fenómenos climáticos. La falta de recursos limita la capacidad de afrontar la escasez o el encarecimiento de los alimentos, acceder de manera continuada a agua potable, mantener una nutrición adecuada y recibir seguimiento prenatal. De este modo, la sequía puede agravar desigualdades preexistentes y afectar con mayor intensidad a quienes disponen de menos medios para protegerse frente a sus consecuencias.

«Los fenómenos climáticos no afectan por igual a toda la población. Las condiciones sociales determinan en buena medida la capacidad de protegerse frente a la escasez de agua y alimentos, mantener una nutrición adecuada o acceder al seguimiento prenatal. Por eso, las medidas de adaptación deben prestar una atención especial a las mujeres embarazadas que se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad», destaca la Dra. Rocha.

Continuidad de la investigación en Sant Pau

Durante su estancia posdoctoral en el IR Sant Pau, la Dra. Rocha está dando continuidad a esta línea de trabajo mediante una nueva investigación que amplía el seguimiento más allá del embarazo. El objetivo es estudiar si la exposición a la sequía puede influir también en el peso, la altura y otros indicadores del crecimiento de los niños y niñas durante sus primeros cinco años de vida.

Los autores consideran que los resultados respaldan la incorporación de la información climática a las políticas de salud maternoinfantil. Entre las posibles medidas destacan el refuerzo de la atención prenatal durante las sequías y las olas de calor, la garantía de acceso a agua potable, el apoyo nutricional, el desarrollo de sistemas de alerta que integren datos ambientales y sanitarios y una protección específica para las poblaciones con menos recursos.

Artículo de referencia:

Rocha A dos S, Dantas LG, Ferreira AJF, Costa PVM da, Neves DJD, Paixao ES, Pescarini JM, Fiaccone R, Silveira IH, Costa PR de F, Ribeiro-Silva R de C, Ranzani O, Barreto ML. Association between drought and adverse birth outcomes: a nationwide cohort study with 29.8 million live births in Brazil. Lancet Reg Health Am 2026;62:101570. https://doi.org/10.1016/j.lana.2026.101570.

IB Sant Pau
Contacto de prensa