La terapia asistida con perros mejora el bienestar y las habilidades sociales de personas con trastornos mentales graves
Una intervención enfermera estructurada de terapia asistida con perros ha logrado mejorar la salud mental positiva de personas adultas con trastornos mentales graves, especialmente en aspectos como la satisfacción personal, la autonomía y la capacidad para relacionarse con otras personas. Así lo muestra un estudio liderado por el Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) y publicado en la revista científica Perspectives in Psychiatric Care.
La investigación evaluó el programa AcompdogSMP+, una intervención complementaria diseñada para apoyar la rehabilitación psicosocial desde una perspectiva que no se limita a reducir los síntomas de la enfermedad. El objetivo es reforzar capacidades que contribuyen al bienestar y a la recuperación, como la confianza para tomar decisiones, la regulación emocional, la resolución de problemas o las habilidades interpersonales.
«En salud mental, la recuperación no depende únicamente del control de los síntomas. También implica que la persona pueda recuperar autonomía, establecer vínculos, participar en su entorno y desarrollar recursos para afrontar las dificultades de la vida cotidiana», explica la Dra. Judith Balaguer, investigadora del grupo de Cuidados de Enfermería del IR Sant Pau, enfermera del Servicio de Rehabilitación Comunitaria Dr. Pi i Molist del Hospital de Sant Pau y primera autora del trabajo.
Diez sesiones con objetivos terapéuticos definidos
En el estudio participaron 70 personas adultas con trastornos mentales graves atendidas en el Servicio de Rehabilitación Comunitaria Dr. Pi i Molist. De ellas, 36 participaron en el programa AcompdogSMP+, mientras que las 34 restantes continuaron llevando a cabo las actividades habituales de rehabilitación y actuaron como grupo de control.
La intervención constó de diez sesiones grupales semanales de una hora, conducidas conjuntamente por una profesional de enfermería de salud mental y una persona técnica especializada en terapia asistida con animales. En cada sesión participaban dos perros preparados para este tipo de intervenciones.
El programa no se basaba simplemente en pasar tiempo con los animales. Las sesiones incluían actividades de psicomotricidad, estimulación cognitiva, comunicación y habilidades sociales diseñadas para trabajar objetivos terapéuticos concretos. Los participantes debían colaborar, respetar turnos, expresar emociones, tomar decisiones, resolver pequeñas dificultades y asumir responsabilidades relacionadas con el cuidado y la interacción con los perros.
«El perro actúa como un mediador que facilita la participación y ayuda a crear un entorno menos amenazante. A partir de ese vínculo podemos trabajar capacidades muy importantes para la recuperación, pero siempre dentro de una intervención planificada, con objetivos definidos y dirigida por profesionales», señala la Dra. Balaguer.
El programa se fundamenta en el Modelo Multifactorial de Salud Mental Positiva desarrollado por la Dra. Maria Teresa Lluch, que contempla seis dimensiones: satisfacción personal, actitud prosocial, autocontrol, autonomía, resolución de problemas y autorrealización, y habilidades de relación interpersonal.
Mejoras en todas las dimensiones evaluadas
Los participantes completaron antes y después de la intervención un cuestionario validado que permite evaluar tanto el nivel global de salud mental positiva como seis dimensiones específicas: satisfacción personal, actitud prosocial, autocontrol, autonomía, resolución de problemas y autorrealización, y habilidades de relación interpersonal.
Tras las diez sesiones, la puntuación global del grupo que participó en AcompdogSMP+ pasó de 85,67 a 106,09 puntos, un incremento de más de 20 puntos. En cambio, en el grupo de control disminuyó de 95,03 a 90,62 puntos. El análisis estadístico confirmó que la evolución de ambos grupos fue significativamente diferente y mostró un efecto elevado de la intervención sobre la salud mental positiva global.
Las mejoras más pronunciadas se observaron en la satisfacción personal, cuya puntuación aumentó de 16,42 a 22,30 puntos; la actitud prosocial, que pasó de 12,19 a 16,14; la autonomía, que avanzó de 9,58 a 13,47; y las habilidades de relación interpersonal, que crecieron de 14,75 a 20,08 puntos. En el grupo de control, estas dimensiones se mantuvieron estables o registraron ligeros descensos.
También se produjo una evolución favorable en el autocontrol, que pasó de 10,36 a 10,94 puntos, y en la resolución de problemas y autorrealización, que aumentó de 22,39 a 23,14. Aunque las diferencias respecto al grupo de control también fueron estadísticamente significativas, el efecto fue menor en estas dos dimensiones: pequeño en autocontrol y moderado en resolución de problemas y autorrealización. Los autores plantean que capacidades complejas como la regulación emocional o la resolución de problemas podrían requerir intervenciones más prolongadas para experimentar cambios de mayor magnitud.
Los resultados especialmente favorables en las dimensiones sociales y relacionales respaldan el posible papel de los perros como facilitadores de la interacción. Su presencia puede contribuir a reducir barreras, favorecer conversaciones espontáneas y ofrecer una actividad compartida en torno a la cual practicar la comunicación, la cooperación y la toma de decisiones.
«Uno de los principales retos de la rehabilitación comunitaria es ayudar a las personas a recuperar la confianza y las capacidades necesarias para desenvolverse en su vida cotidiana. Esta intervención ofrece un entorno motivador en el que pueden practicar esas capacidades de una manera progresiva y acompañada», destaca la investigadora.
Una intervención complementaria liderada por enfermería
Los autores plantean AcompdogSMP+ como una intervención complementaria a los tratamientos y programas de rehabilitación habituales, no como un sustituto de la atención psiquiátrica, psicológica o farmacológica. El trabajo también pone de relieve el papel de la enfermería de salud mental en el diseño y la aplicación de intervenciones orientadas a promover capacidades y comportamientos positivos.
Además de la preparación de los animales, este tipo de programas requiere profesionales con formación específica, protocolos de higiene y seguridad y una supervisión constante del bienestar de los perros. Durante las sesiones, el personal técnico podía establecer descansos o retirar a un animal si mostraba señales de ansiedad, inquietud o fatiga.
El estudio presenta algunas limitaciones. Los participantes no fueron asignados aleatoriamente a los grupos, la muestra procedía de un único servicio y la evaluación se realizó inmediatamente después de terminar el programa, por lo que no permite determinar si las mejoras se mantienen a largo plazo. Tampoco es posible separar por completo el efecto de los perros del generado por la actividad grupal, los ejercicios estructurados y el acompañamiento profesional.
«Será necesario confirmar estos resultados con estudios más amplios, realizados en varios centros y con un seguimiento que permita saber si los beneficios se mantienen en el tiempo. Aun así, este trabajo muestra el potencial de incorporar intervenciones enfermeras estructuradas con perros a los programas de rehabilitación comunitaria», concluye la Dra. Balaguer.
Artículo de referencia:
Balaguer-Sancho J, Moreno-Arroyo C, Agüera Z, Lluch-Canut MT, Torralbas-Ortega J, Luis-Ruiz A-B, Martín-Mota N, Paixà-Garcia A, Puig-Llobet M. Exploring the impact on levels of Positive Mental Health through a Dog‐Assisted Therapy Nursing Intervention: A quasiexperimental study with a control group. Perspect Psychiatr Care 2026;2026. https://doi.org/10.1155/ppc/9945543.