Un análisis global aclara qué sabemos sobre el uso de cisplatino y carboplatino en tumores sólidos
Dos de los fármacos de quimioterapia más utilizados en el tratamiento del cáncer, el cisplatino y el carboplatino, llevan décadas formando parte de la práctica oncológica. Sin embargo, la solidez de la evidencia que respalda la elección entre uno u otro varía considerablemente según el tipo de tumor y el resultado clínico analizado.
Así lo muestra un estudio publicado en JAMA Network Open, con participación de la Dra. Judit Sanz, investigadora del grupo de Oncología Clínica del Institut de Recerca Sant Pau (IR Sant Pau) y médica del Servicio de Oncología Médica del Hospital de Sant Pau, que ha revisado de manera global la eficacia y la seguridad de ambos tratamientos. La participación de la Dra. Sanz en este trabajo se desarrolló durante la rotación externa del último año de residencia en The Royal Marsden NHS Foundation Trust, en Londres. Aunque pertenecen a la misma familia de medicamentos y actúan mediante mecanismos similares, presentan diferencias tanto en su eficacia en determinadas enfermedades como en sus efectos adversos, por lo que elegir uno u otro puede tener implicaciones importantes para cada paciente.
«El cisplatino y el carboplatino son tratamientos que utilizamos desde hace muchos años y sobre los que existe una enorme cantidad de literatura científica. Sin embargo, que haya muchos estudios no significa necesariamente que tengamos el mismo grado de certeza en todas las situaciones clínicas», explica la Dra. Sanz. «Este trabajo nos permite ver con mucha más claridad en qué tumores las diferencias están sólidamente demostradas y en cuáles todavía existe una incertidumbre importante».
Más de 12.000 pacientes y siete tipos de cáncer
Una de las principales novedades del trabajo es su enfoque metodológico. Los investigadores llevaron a cabo un metaanálisis paraguas (umbrella meta-analysis), un tipo de análisis que permite reunir y evaluar de manera conjunta la evidencia procedente de diferentes metaanálisis publicados previamente. El estudio aplica por primera vez este enfoque para sintetizar de manera global la evidencia disponible sobre la eficacia y la seguridad del cisplatino en comparación con el carboplatino en diferentes tumores sólidos.
«Lo innovador es que no estamos ante un metaanálisis más sobre un tumor concreto, sino ante un análisis que integra por primera vez de manera global la evidencia comparativa disponible entre cisplatino y carboplatino en diferentes tipos de cáncer», explica la Dra. Sanz. «Esto nos permite tener una visión mucho más amplia y, sobre todo, valorar hasta qué punto las diferencias que observamos están realmente respaldadas por una evidencia sólida».
Para construir esta visión global, los investigadores revisaron los estudios originales incluidos en cada metaanálisis, eliminaron las duplicidades y armonizaron sus resultados para poder compararlos. En total, el trabajo integró 11 metaanálisis, 52 estudios originales y 12.683 pacientes, correspondientes a siete grandes grupos de tumores: carcinoma urotelial, cáncer de ovario, cáncer de cérvix, cáncer de pulmón no microcítico, cáncer de pulmón microcítico, tumores germinales gonadales y carcinoma escamoso de cabeza y cuello.
El análisis incluyó diferentes parámetros de eficacia, como la respuesta al tratamiento, la supervivencia global, la supervivencia libre de progresión o el riesgo de fracaso terapéutico, además de diferentes efectos adversos asociados a ambos medicamentos. Pero el trabajo no se limita a comprobar si existen diferencias entre cisplatino y carboplatino, sino que determina también qué grado de confianza se puede depositar en cada una de estas conclusiones.
Para ello se utilizó el sistema GRADE, que clasifica la certeza de la evidencia como alta, moderada, baja o muy baja teniendo en cuenta aspectos como el diseño y la calidad de los estudios, la consistencia de los resultados, el riesgo de sesgo o la precisión de las estimaciones. Esta aproximación permite diferenciar entre resultados que apuntan a una ventaja de uno de los tratamientos y aquellos que cuentan realmente con una evidencia lo suficientemente robusta para respaldarla.
Las diferencias más sólidas aparecen en cáncer urotelial y de ovario
El análisis muestra que solo dos resultados alcanzaron un nivel alto de certeza de la evidencia. En pacientes con carcinoma urotelial avanzado, los tratamientos basados en cisplatino se asociaron con una probabilidad un 38 % más alta de obtener una respuesta objetiva que los basados en carboplatino. Además, la probabilidad de alcanzar una respuesta completa fue más de dos veces superior con cisplatino, aunque en este segundo caso la certeza de la evidencia fue moderada.
En este contexto, el estudio no disponía de datos equivalentes de supervivencia libre de progresión o supervivencia global que permitieran comprobar si esta mayor respuesta tumoral se traduce también en una ventaja en supervivencia. Los análisis de sensibilidad confirmaron, además, la dirección del efecto en diferentes subgrupos de estudios, aunque el grado de certeza disminuyó en algunos, especialmente cuando el análisis se restringió únicamente a ensayos clínicos aleatorizados.
En el cáncer de ovario avanzado se observó un escenario diferente. Existe evidencia de alta certeza de que no se producen diferencias estadísticamente significativas en supervivencia libre de progresión entre los tratamientos basados en cisplatino y carboplatino, un resultado coherente con el papel central que actualmente tiene el carboplatino en el tratamiento de esta enfermedad. Esta conclusión se refiere, sin embargo, al contexto estudiado y no se puede extrapolar directamente a otros escenarios, como la quimioterapia intraperitoneal.
«Estos dos ejemplos muestran muy bien por qué no podemos decir que un platino sea simplemente mejor que el otro», explica la investigadora. «La respuesta depende del tipo de tumor, del momento de la enfermedad y del objetivo del tratamiento. En algunos escenarios tenemos diferencias bastante claras y en otros sabemos con bastante seguridad que los resultados son comparables».
Resultados más inciertos en otros tumores
En otros tipos de cáncer, los resultados presentan grados de certeza muy diferentes. En el cáncer de cérvix, el cisplatino se asoció con una mayor probabilidad de respuesta completa, con una certeza moderada, pero no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en supervivencia global o supervivencia libre de enfermedad a los tres años.
En cáncer de pulmón no microcítico, el cisplatino consiguió una mayor tasa de respuesta objetiva, aunque con evidencia de baja certeza. En cambio, no se observaron diferencias significativas en supervivencia global al año ni en mortalidad, dos resultados respaldados por evidencia de certeza moderada. Aunque este fue el tumor que aportó el mayor número de estudios y pacientes al análisis, el riesgo de sesgo de una parte de los ensayos redujo la certeza de algunos resultados.
La incertidumbre fue aún mayor en el cáncer de pulmón microcítico y los tumores de cabeza y cuello, donde buena parte de los resultados se basaban en evidencia de certeza baja o muy baja. En estos escenarios, la información disponible no permite establecer con suficiente solidez una diferencia de eficacia entre ambos compuestos.
En los tumores germinales gonadales, especialmente relevantes porque muchos pacientes reciben tratamiento con intención curativa, el análisis apuntó a un mayor riesgo de fracaso terapéutico con carboplatino. La comparación global no alcanzó significación estadística, pero determinados análisis restringidos a estudios con características metodológicas más homogéneas sí mostraron diferencias favorables al cisplatino, aunque con un nivel de certeza todavía limitado.
Dos medicamentos con perfiles de toxicidad diferentes
El trabajo confirma también que cisplatino y carboplatino presentan perfiles de toxicidad diferentes, un aspecto fundamental a la hora de seleccionar el tratamiento. El cisplatino se asoció con una mayor frecuencia de toxicidad renal, toxicidad auditiva y náuseas y vómitos, mientras que el carboplatino presentó una mayor toxicidad hematológica, especialmente trombocitopenia, pero también anemia y neutropenia.
En el caso de la neuropatía periférica, no se encontraron diferencias significativas entre ambos medicamentos, y este resultado alcanzó un nivel moderado de certeza. Para el resto de las toxicidades analizadas, en cambio, la certeza de la evidencia fue muy baja, en parte debido a la heterogeneidad entre los estudios, por lo que la magnitud concreta de estas diferencias debe interpretarse con cautela.
«La eficacia es solo una parte de la decisión», destaca la Dra. Sanz. «Cuando elegimos un tratamiento, también debemos tener en cuenta la función renal, las comorbilidades, la edad, la reserva hematológica, otros tratamientos que esté recibiendo el paciente y el posible impacto sobre su calidad de vida. Disponer de alternativas con perfiles de toxicidad diferentes nos permite individualizar mejor la estrategia terapéutica».
Una evidencia menos sólida de lo que cabría esperar
Una de las conclusiones más relevantes del estudio es que, pese a que cisplatino y carboplatino llevan décadas utilizándose y siguen siendo una pieza fundamental de numerosos tratamientos oncológicos, para muchos tumores y resultados clínicos la evidencia comparativa sigue siendo de certeza baja o muy baja. El análisis permite identificar con mayor precisión qué decisiones están respaldadas por evidencia sólida y, al mismo tiempo, pone de manifiesto las numerosas áreas en las que todavía persisten lagunas de conocimiento.
El trabajo pone también el foco en una cuestión importante para interpretar correctamente estos resultados: no encontrar una diferencia estadísticamente significativa entre dos tratamientos no significa demostrar que sean equivalentes. Para establecer que un tratamiento no es inferior a otro se necesitan ensayos diseñados específicamente con este objetivo, por lo que la ausencia de diferencias en algunos de los análisis debe interpretarse en función de la calidad y las características de la evidencia disponible.
«Este es también uno de los mensajes importantes del estudio», señala la Dra. Sanz. «En algunos escenarios podemos decir con bastante confianza que conocemos las diferencias entre ambos tratamientos, pero en otros lo que encontramos es que todavía no tenemos una evidencia lo suficientemente sólida para responder a determinadas preguntas. Identificar estas lagunas también es relevante porque nos indica dónde necesitamos mejores estudios».
Una herramienta para individualizar mejor el tratamiento
En conjunto, los resultados muestran que la elección entre cisplatino y carboplatino debe hacerse teniendo en cuenta el tipo de cáncer, el escenario clínico, el objetivo terapéutico y las características de cada paciente, y no a partir de una consideración general de que uno de los dos fármacos sea superior. La revisión permite identificar los contextos en los que las recomendaciones actuales están respaldadas por evidencia de mayor certeza y aquellos en los que las decisiones siguen basándose en datos comparativos más limitados.
«El objetivo final es utilizar toda esta información para tomar decisiones cada vez más individualizadas», concluye la Dra. Sanz. «No se trata únicamente de escoger el tratamiento potencialmente más eficaz, sino de encontrar la mejor opción para cada paciente, equilibrando el control de la enfermedad, la toxicidad y la calidad de vida».
Artículo de referencia:
Jiménez-Labaig P, Mirallas O, Pereira F, Sanz J, Felip E, Rodon J, Colombo N, Galsky MD, Harrington KJ. Reappraisal of cisplatin vs carboplatin treatment for solid tumors: An umbrella meta-analysis: An umbrella meta-analysis. JAMA Netw Open 2026;9:e2634287. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2026.34287.