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Laura Pérez-Carasol i Saül Martínez-Horta

29/01/2026

Describen por primera vez la secuencia cerebral implicada en las alucinaciones visuales de la enfermedad de Parkinson

Un equipo del Grupo de Enfermedad de Parkinson y Trastornos del Movimiento del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) y del Servicio de Neurología del Hospital de Sant Pau ha descrito por primera vez con detalle cómo se altera la percepción visual en las personas con enfermedad de Parkinson que experimentan alucinaciones. El estudio, liderado por la investigadora Laura Pérez-Carasol y los doctores Javier Pagonabarraga y Saül Martínez-Horta, acaba de publicarse en npj Parkinson’s Disease del grupo Nature y ofrece una de las caracterizaciones más completas realizadas hasta la fecha sobre los mecanismos neurocognitivos que explican este fenómeno.

Las alucinaciones visuales constituyen uno de los síntomas no motores más frecuentes y clínicamente significativos en la enfermedad de Parkinson, incluso en fases iniciales. Suelen manifestarse como sensaciones breves de presencia, figuras que se desvanecen al mirar directamente o sombras que atraviesan la periferia del campo visual. También pueden incluir ilusiones muy sutiles, como atribuir rasgos faciales a objetos cotidianos. Aunque muchas personas reconocen que estas percepciones no son reales, su aparición señala que los sistemas que permiten interpretar el entorno empiezan a funcionar con menor precisión. Numerosos estudios han demostrado que estos episodios iniciales aumentan el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo y de evolucionar hacia alucinaciones más complejas y persistentes.

Según el Dr. Javier Pagonabarraga, «estas manifestaciones tempranas nos muestran que el cerebro ya está teniendo dificultades para armonizar lo que recibe de los sentidos con los mecanismos internos que dan significado a la experiencia. Aunque el paciente sea plenamente consciente de que estas percepciones no son reales, reflejan un desequilibrio que puede intensificarse con el tiempo».

Un experimento que permite observar cómo el cerebro construye —y modifica— la percepción

Para entender qué procesos se desajustan para que aparezcan las alucinaciones, los investigadores estudiaron a 93 pacientes con enfermedad de Parkinson sin demencia. Los participantes realizaron una tarea de categorización visual en la que debían decidir rápidamente si una imagen correspondía a una cara, un objeto o un objeto que simplemente se asemejaba a una cara, mientras se registraba su actividad cerebral mediante electroencefalografía. Esta metodología permitió observar, con gran precisión temporal, cómo el cerebro construye una percepción desde sus etapas más básicas hasta las fases de interpretación y revisión cognitiva.

Los análisis mostraron que los pacientes con alucinaciones no presentan alteraciones en la vista ni en las primeras etapas del procesamiento visual. La señal P100, que refleja esta fase inicial, es normal en todos los grupos, lo que indica que perciben la nitidez, el contraste o el movimiento igual que cualquier persona sin alucinaciones. Las alteraciones aparecen en etapas posteriores, cuando el cerebro debe organizar la información visual y dotarla de significado.

El análisis detallado de la actividad cerebral muestra que la primera disrupción aparece en la fase de codificación estructural, cuando el cerebro interpreta la forma del estímulo y genera una representación reconocible. Esta actividad, reflejada en la señal N170, aparece marcadamente reducida en los pacientes con alucinaciones, incluso en aquellos sin deterioro cognitivo. Esta disminución indica que las representaciones visuales iniciales se construyen con menos precisión, menor nitidez interna y menor solidez estructural, obligando al cerebro a trabajar sobre una base perceptiva más ambigua y vulnerable.

En palabras de Laura Pérez-Carasol, «esta primera alteración es esencial para entender todo lo que ocurre después. Si la representación visual inicial ya es débil o incompleta, el cerebro pierde la referencia estable sobre la que normalmente construye el significado. Es como si la imagen llegara “a medio formar”, y eso abre la puerta a que otras señales internas tomen un papel mayor del que deberían».

Sobre esta base perceptiva debilitada se produce un segundo desajuste. Normalmente, el cerebro recurre a conocimientos previos —memorias, asociaciones aprendidas, expectativas— solo cuando la información visual es ambigua. Sin embargo, en los pacientes con alucinaciones, este mecanismo se activa antes de tiempo y con una intensidad exagerada. El aumento de la señal N300 indica que el sistema intenta completar la percepción demasiado pronto, imponiendo significados internos antes de que la información visual esté plenamente disponible. Esta tendencia es aún más marcada en los pacientes con deterioro cognitivo leve, que dependen en mayor medida de procesos internos para interpretar estímulos externos.

El estudio identifica además una tercera alteración en la fase destinada a revisar y corregir la interpretación generada. Esta etapa, asociada a la señal P600, aparece debilitada en los pacientes con alucinaciones, especialmente en quienes también presentan deterioro cognitivo leve. La reducción de la P600 indica una menor capacidad de supervisión cognitiva, lo que dificulta rectificar interpretaciones que no se ajustan a la realidad y facilita que las percepciones erróneas adquieran mayor persistencia y convicción.

Este encadenamiento de alteraciones —una codificación estructural debilitada, una activación semántica prematura y un sistema de supervisión insuficiente— explica por qué la percepción pierde estabilidad y se vuelve más propensa a generar experiencias alucinatorias. Como resume el Dr. Pagonabarraga, «lo que vemos es una pérdida progresiva de coordinación entre sistemas que deberían trabajar de forma precisa y secuencial. Cuando esta armonía se rompe, la percepción deja de ser un proceso estable y empieza a depender demasiado de señales internas. Esa combinación acaba generando un terreno fértil para que aparezcan las alucinaciones».

Una descoordinación con importantes implicaciones clínicas

Más allá de describir cómo se originan las alucinaciones, los autores subrayan que el patrón de descoordinación entre las distintas etapas del procesamiento visual ofrece información valiosa sobre la evolución clínica de la enfermedad. Los resultados muestran que estas alteraciones perceptivas reflejan un cambio progresivo en la dinámica cognitiva, especialmente en las personas que comienzan a mostrar deterioro cognitivo leve. Esta combinación —fragilidad perceptiva y fragilidad cognitiva— configura un perfil de especial vulnerabilidad, relevante tanto para entender los síntomas presentes como para anticipar la evolución futura.

Según explica Pérez-Carasol, «estas señales tempranas nos permiten ver que el cerebro empieza a perder precisión y coordinación mucho antes de que aparezcan síntomas más evidentes. Si entendemos esta vulnerabilidad desde el principio, podemos identificar a los pacientes que necesitarán un seguimiento más estrecho y adaptar las intervenciones antes de que los síntomas se vuelvan más incapacitantes».

El Dr. Saül Martínez-Horta destaca que una lectura clínica de estos resultados puede ayudar a transformar la práctica asistencial. «Si somos capaces de detectar precozmente estos cambios en la dinámica perceptiva y cognitiva, podremos intervenir antes y ajustar los tratamientos y las estrategias de apoyo en función del perfil de cada paciente».

En conjunto, el estudio evidencia que las alucinaciones visuales forman parte de un proceso más amplio de desregulación neurocognitiva, en el que la coordinación entre percepción, significado y control se vuelve cada vez más frágil. Este patrón, más acusado en los pacientes con deterioro cognitivo leve, se consolida como un indicador clínico de especial relevancia para definir grupos de riesgo y orientar estrategias personalizadas de evaluación y seguimiento.

Un avance que abre nuevas vías para la detección precoz y la atención personalizada

Los autores señalan que disponer de un modelo detallado sobre cómo se alteran las distintas fases de la percepción puede transformar la manera en que se evalúan los síntomas no motores del Parkinson. La identificación de patrones neurofisiológicos característicos —como la reducción de la N170, el aumento precoz de la N300 o la disminución de la P600— abre la puerta al desarrollo de marcadores objetivos que permitan detectar cambios sutiles antes de que las alucinaciones se manifiesten de manera clara o antes de que se produzca un deterioro cognitivo más marcado.

Para el Dr. Javier Pagonabarraga, esta aproximación constituye un avance significativo. «Comprender esta secuencia no solo nos ayuda a explicar las alucinaciones, sino que nos permite identificar señales tempranas de riesgo y plantear estrategias de intervención más precisas. Podemos empezar a imaginar evaluaciones más finas que combinen medidas clínicas y neurofisiológicas para anticiparnos a la aparición de síntomas y ofrecer una atención verdaderamente personalizada».

Además, los resultados del estudio refuerzan el papel del IR Sant Pau como centro de referencia internacional en la investigación de los síntomas no motores del Parkinson. El trabajo demuestra que un análisis detallado de los mecanismos perceptivos puede aportar información clave sobre la progresión de la enfermedad y sobre las oportunidades de intervención en etapas tempranas. Este tipo de investigación, financiada por la Fundació La Marató de TV3 y el Instituto de Salud Carlos III, marca una línea de trabajo orientada al desarrollo de herramientas diagnósticas avanzadas y nuevas estrategias terapéuticas basadas en la comprensión fina de los procesos cerebrales que sustentan la percepción y la cognición.

Artículo de referencia:

Pérez-Carasol L, Martinez-Horta S, Horta-Barba A, Bejr-Kasem H, Marín-Lahoz J, Perez-Perez J, Aracil-Bolaños I, Pagonabarraga J, Kulisevsky J. Disrupted visual-to-semantic dynamics promote visual hallucinations in Parkinson’s disease. NPJ Parkinsons Dis 2025:1–15. https://doi.org/10.1038/s41531-025-01235-1.

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