La preeclampsia es una complicación del embarazo ampliamente conocida por su impacto inmediato sobre la salud materna y fetal. Sin embargo, la evidencia científica acumulada en los últimos años ha demostrado que la preeclampsia se asocia también a un mayor riesgo cardiovascular a largo plazo en las mujeres que la han padecido. A pesar de ello, los mecanismos que explican este aumento del riesgo siguen sin estar completamente definidos.
Dos trabajos recientes, llevados a cabo en el grupo de Medicina Perinatal y de la Mujer del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau), analizan cómo la preeclampsia y el desequilibrio angiogénico durante el embarazo se vinculan a cambios persistentes del sistema cardiovascular y renal femenino varios años después del parto.
«En estos trabajos hemos querido analizar qué ocurre con la salud cardiovascular de las mujeres varios años después de un embarazo complicado», explica el Dr. Pablo García Manau, investigador del grupo de Medicina Perinatal y de la Mujer del IR Sant Pau y autor correspondiente de ambos artículos. «Hasta ahora sabíamos que existía un mayor riesgo a largo plazo, pero faltaban datos que ayudaran a entender qué cambios persisten y en qué órganos».
Está bien establecido que las mujeres que han tenido preeclampsia presentan, a largo plazo, un mayor riesgo de hipertensión arterial, trombosis, diabetes, enfermedad renal y eventos cardiovasculares. La evidencia científica disponible muestra que este incremento del riesgo se mantiene durante décadas y que la preeclampsia tiene un valor pronóstico propio en la salud futura de la mujer. De hecho, análisis epidemiológicos previos han estimado que cada episodio de preeclampsia puede asociarse a una reducción aproximada de tres años en la esperanza de vida.
Uno de los elementos clave en la fisiopatología de la preeclampsia es el desequilibrio angiogénico, una alteración de dos factores que pueden alterar la función del endotelio y la adaptación de los vasos sanguíneos, detectable durante la gestación mediante el cociente sFlt-1/PlGF, incluso antes de que aparezcan los síntomas clínicos. No obstante, no todas las mujeres con este perfil desarrollan la enfermedad.
«El embarazo es una auténtica prueba de esfuerzo para el sistema cardiovascular de la mujer», explica el Dr. Pablo García Manau. «Ante un mismo estrés biológico, algunas desarrollan clínica, como la preeclampsia, y otras no, lo que indica que no todas parten del mismo punto de partida a nivel cardiovascular».
Desde esta perspectiva, los dos trabajos llevados a cabo en el IR Sant Pau analizan de forma complementaria qué cambios persisten a medio plazo tras el embarazo, tanto desde el punto de vista funcional vascular como a nivel bioquímico, con el objetivo de avanzar en la comprensión de los mecanismos subyacentes a estas diferencias.
El primero de los artículos, publicado en Acta Obstetricia et Gynecologica Scandinavica, evaluó a 354 mujeres entre tres y seis años después del parto. De ellas, 148 habían presentado preeclampsia o restricción del crecimiento fetal asociada a insuficiencia placentaria, mientras que 206 no tenían antecedentes de estas complicaciones. En un subgrupo de 249 participantes se disponía además de la determinación del cociente sFlt-1/PlGF durante la gestación.
Durante el seguimiento posparto se llevó a cabo una evaluación vascular no invasiva que incluyó el Doppler de la arteria oftálmica en ambos ojos y la medición del grosor íntima-media carotídeo. En el Doppler oftálmico se analizó el OA-PSV ratio, un parámetro que refleja la resistencia vascular periférica y permite evaluar de forma indirecta la elasticidad arterial.
«La arteria oftálmica nos permite obtener una medida funcional del sistema vascular, es decir, de cómo responden los vasos al latido del corazón», señala el Dr. Pablo García Manau.
Los datos mostraron que las mujeres con antecedentes de insuficiencia placentaria presentaban valores significativamente más elevados de la ratio entre los dos picos sistólicos, lo que indica una mayor resistencia vascular persistente años después del embarazo. Esta diferencia fue especialmente evidente en quienes habían desarrollado preeclampsia y, dentro de este grupo, en las que además presentaron un desequilibrio angiogénico durante la gestación.
En el análisis combinado, el aumento del OA-PSV ratio fue significativo únicamente en el grupo que reunía ambos factores —preeclampsia clínica y desequilibrio angiogénico—, mientras que no se observaron diferencias relevantes en las mujeres con desequilibrio angiogénico aislado sin expresión clínica.
Por el contrario, no se observaron diferencias significativas en el grosor íntima-media carotídeo entre los distintos grupos de mujeres, ni en función de los antecedentes obstétricos ni del perfil angiogénico durante la gestación. Este parámetro mide el grosor de las capas internas de la pared de la arteria carótida y se utiliza de forma habitual como un marcador estructural de daño vascular y de riesgo cardiovascular a largo plazo.
«El grosor íntima-media carotídeo suele reflejar cambios que aparecen con el paso del tiempo», explica el Dr. Pablo García Manau. «Que no encontremos diferencias a los tres o seis años del parto indica que, en esta fase, las alteraciones asociadas a la preeclampsia no se manifiestan todavía como cambios estructurales, sino antes a nivel funcional, en la forma en que los vasos se adaptan al flujo sanguíneo».
El segundo trabajo, publicado en Journal of Clinical Medicine, analizó el perfil bioquímico, metabólico y cardiovascular de 363 mujeres evaluadas también entre tres y seis años después del parto, de las cuales 113 habían presentado preeclampsia. Se examinaron múltiples parámetros en sangre y orina, incluidos biomarcadores cardiovasculares como la troponina T ultrasensible (hs-TnT) y el NT-proBNP, así como indicadores de función renal.
Los resultados mostraron que las mujeres con antecedente de preeclampsia presentaban concentraciones ligeramente más elevadas de hs-TnT, indicativas de estrés cardíaco subclínico, en comparación con aquellas sin preeclampsia previa. Aunque estos valores se situaban dentro de rangos considerados normales y no tenían relevancia clínica directa, la diferencia fue estadísticamente significativa.
En cambio, al analizar los resultados según el perfil angiogénico durante la gestación, independientemente de la aparición o no de preeclampsia clínica, se identificó un patrón diferente. Las mujeres con un cociente sFlt-1/PlGF ≥38 durante el embarazo presentaban en el seguimiento valores ligeramente superiores de proteinuria, potasio y lactato deshidrogenasa (LDH), junto con un recuento leucocitario algo inferior.
Estas variaciones fueron más evidentes cuanto mayor era el grado de desequilibrio angiogénico durante la gestación, especialmente en el caso de la proteinuria, que mostró una relación positiva con el valor del cociente sFlt-1/PlGF.
«En las mujeres con desequilibrio angiogénico que no llegan a desarrollar preeclampsia clínica, el corazón no parece verse afectado, pero sí detectamos cambios sutiles a nivel renal», señala el Dr. Pablo García Manau. «El riñón es un órgano muy dependiente del endotelio y especialmente sensible a este tipo de alteraciones».
No se observaron diferencias significativas en otros biomarcadores cardiovasculares, como el NT-proBNP, lo que concuerda con el hecho de que las mujeres evaluadas no presentaban insuficiencia cardíaca ni enfermedad cardiovascular manifiesta en el momento del seguimiento.
En conjunto, ambos trabajos sugieren que la disfunción placentaria durante el embarazo puede asociarse a cambios persistentes a medio plazo, tanto a nivel funcional como bioquímico, y que estas manifestaciones no son homogéneas en todas las mujeres.
«La preeclampsia no solo pone de manifiesto una vulnerabilidad previa, sino que además empeora el pronóstico cardiovascular de estas mujeres», concluye el Dr. Pablo García Manau. «Pero también observamos que quienes no desarrollan la enfermedad clínica no están completamente libres de riesgo».
Estos resultados se enmarcan en el estudio CARDIOMOM (Cardiovascular Risk Assessment in Young Women After Index Pregnancy with and without Placental Complications), un proyecto del IR Sant Pau que sigue de forma prospectiva la salud cardiovascular de mujeres tras un embarazo con y sin complicaciones placentarias, con el objetivo de identificar marcadores precoces de riesgo y mejorar las estrategias de seguimiento y prevención en el posparto.
«Las herramientas actuales de estimación del riesgo cardiovascular se han desarrollado fundamentalmente a partir de datos obtenidos en hombres», explica el Dr. Pablo García Manau. «Nuestro objetivo con CARDIOMOM es generar conocimiento específico en salud cardiovascular femenina que permita avanzar hacia estrategias de seguimiento y prevención más ajustadas a la realidad de las mujeres».