El Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente y afecta a más de 160.000 personas en España, con una prevalencia estimada de entre 20.000 y 25.000 pacientes en Cataluña. En el marco del Día Mundial del Parkinson, el Hospital de Sant Pau acogió una jornada impulsada por la Asociación Catalana de Parkinson en la que especialistas analizaron los avances que están transformando el diagnóstico, el tratamiento y la investigación de esta patología.
El encuentro reunió a más de 220 personas entre pacientes, familiares y profesionales sanitarios, contando con un programa que combinó divulgación, reflexión y participación. La jornada se inició con una conferencia centrada en cómo el Parkinson puede manifestarse de forma diferente según factores como la edad o el sexo, impartida por la Dra. Núria Caballol, neuróloga del Hospital Universitari de Bellvitge. Tras ella tuvo lugar un bloque dedicado a los avances en investigación y tratamiento, en formato de diálogo entre expertos moderado por el Dr. Jaime Kulisevsky, jefe del grupo de investigación de Enfermedad del Parkinson y Trastornos del Movimiento del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau). La sesión se completó con un espacio abierto de preguntas en el que los asistentes han podido trasladar sus dudas directamente a los profesionales.
Aunque tradicionalmente se ha asociado a síntomas motores como el temblor o la rigidez, hoy se sabe que el Parkinson también conlleva una amplia variedad de síntomas no motores —como alteraciones del sueño, depresión o trastornos cognitivos— que pueden ser incluso más incapacitantes y que condicionan de forma decisiva la evolución de la enfermedad. Durante la jornada, los especialistas coincidieron en que uno de los cambios más relevantes de los últimos años ha sido la transformación en la manera de entender el Parkinson, tanto desde el punto de vista clínico como biológico.
«Estamos viendo la enfermedad de una manera muy diferente. Hoy sabemos que el Parkinson tiene una trayectoria muy larga y que puede empezar muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Este cambio de perspectiva nos abre una ventana de oportunidad para actuar antes y avanzar hacia tratamientos que puedan modificar su evolución», explicó la Dra. Maria Josep Martí, neuróloga de la Unidad de Parkinson y Trastornos del Movimiento del Hospital Clínic de Barcelona.
El Dr. Eduard Tolosa, neurólogo experto en enfermedad de Parkinson, puso el foco en la creciente relevancia de los síntomas no motores, tradicionalmente infravalorados en la práctica clínica. «Durante muchos años nos centramos en los síntomas motores, pero hoy sabemos que problemas como la depresión, los trastornos del sueño o las alteraciones autonómicas son muy frecuentes y tienen un gran impacto en la calidad de vida, por lo que requieren una atención específica y un abordaje más completo», señaló.
Avances en el diagnóstico: hacia los biomarcadores
El diagnóstico del Parkinson también ha experimentado avances relevantes en los últimos años. Tal y como explicó el Dr. Tolosa, se ha pasado de un abordaje basado casi exclusivamente en criterios clínicos —fundamentado en la observación de los síntomas— a la incorporación progresiva de biomarcadores que permiten objetivar la enfermedad. «Estamos empezando a disponer de herramientas que permiten detectar agregados de alfa-sinucleína en el líquido cefalorraquídeo o incluso en la piel, lo que aporta una mayor certeza diagnóstica y puede ser clave para seleccionar mejor a los pacientes en los ensayos clínicos», destacó.
Estos avances suponen un cambio importante, ya que permiten reducir la incertidumbre diagnóstica, especialmente en fases iniciales o en casos con presentaciones atípicas. Además, facilitan la identificación de pacientes en estadios más precoces, cuando las intervenciones terapéuticas podrían tener un mayor impacto. En este contexto, los biomarcadores se perfilan como una herramienta clave no solo para mejorar el diagnóstico, sino también para impulsar el desarrollo de nuevas terapias, al permitir definir mejor los perfiles de pacientes y evaluar de forma más precisa la respuesta a los tratamientos en investigación.
Nuevas estrategias terapéuticas y mejora del manejo clínico
En el ámbito terapéutico, los expertos destacaron la evolución experimentada en las últimas décadas, especialmente en el tratamiento de los síntomas más avanzados. «En los últimos años, uno de los avances más importantes ha sido el desarrollo de nuevas formas de administrar levodopa de manera continua, especialmente por vía subcutánea, que permiten mejorar el control de las fluctuaciones en pacientes con enfermedad avanzada», explicó el Dr. Tolosa.
Estos avances reflejan un cambio progresivo hacia tratamientos más sofisticados y adaptados a la evolución de cada paciente. La posibilidad de mantener niveles más estables de medicación contribuye a reducir las fluctuaciones motoras y mejorar la autonomía en fases avanzadas de la enfermedad. Antonia Campolongo, enfermera especialista del Hospital Sant Pau, valoró el impacto de estos cambios en la práctica clínica diaria. «Hemos pasado de tratamientos fundamentalmente orales a terapias mucho más complejas y personalizadas, como infusiones o sistemas de administración continua, que requieren un seguimiento estrecho, pero que permiten un mejor control de la enfermedad», señaló.
Una investigación que se diversifica: genética, inflamación y nuevas dianas
La investigación en Parkinson se orienta cada vez más hacia el desarrollo de terapias capaces de modificar el curso de la enfermedad, aunque este objetivo sigue siendo complejo. «Durante años hemos centrado muchos esfuerzos en la alfa-sinucleína, pero los resultados de los ensayos clínicos no han sido los esperados, lo que nos obliga a ampliar el foco y explorar otras vías», señaló el Dr. Tolosa. De esta forma, las líneas de investigación se están diversificando hacia nuevas dianas biológicas. «Se están estudiando distintas vías moleculares, incluyendo factores genéticos y procesos inflamatorios, que podrían estar implicados en la enfermedad y abrir nuevas oportunidades terapéuticas», explicó la Dra. Martí.
Este cambio de estrategia responde a la necesidad de comprender mejor la heterogeneidad del Parkinson y de desarrollar abordajes más específicos. El estudio de los casos con base genética —aunque representan un porcentaje reducido— permite avanzar en tratamientos más dirigidos y podría aportar claves aplicables al conjunto de la enfermedad. En conjunto, esta diversificación refleja una etapa de transición en la investigación, en la que la ampliación de hipótesis y el desarrollo de nuevas aproximaciones podrían ser determinantes para lograr avances significativos en los próximos años.
El papel clave de los ensayos clínicos
Los especialistas subrayaron también la importancia de la participación de los pacientes en ensayos clínicos como parte fundamental del avance científico. «Participar en un ensayo clínico no es ser un “conejillo de indias”. Es una oportunidad de acceder a nuevas opciones terapéuticas y de contribuir de forma directa al avance del conocimiento», afirmó Campolongo.
Además de facilitar el desarrollo de nuevas terapias, estos estudios permiten un seguimiento más estrecho y estructurado de los pacientes, lo que puede traducirse en una mejor atención y en una mayor comprensión de la evolución de la enfermedad. Fomentar la participación en ensayos clínicos es, por tanto, un elemento clave para acelerar la investigación y trasladar los avances científicos a la práctica clínica.
Mirando al futuro: una perspectiva prudente pero optimista
Aunque todavía no existen tratamientos capaces de frenar o curar la enfermedad, los especialistas coincidieron en trasladar un mensaje de cautela optimista. «Hemos avanzado mucho en el control de los síntomas y en la comprensión de la enfermedad, y es muy probable que los próximos años traigan avances relevantes, especialmente si conseguimos intervenir en fases más precoces», señaló el Dr. Jaime Kulisevsky.
Entre las líneas emergentes, el Dr. Tolosa destacó el potencial de las terapias celulares. «Se están desarrollando estrategias basadas en la implantación de células capaces de producir dopamina, que podrían representar una nueva vía terapéutica en el futuro si se confirman sus resultados», apuntó.
El Parkinson sigue siendo un gran reto biomédico, pero también un campo en plena transformación, en el que los avances en investigación están abriendo nuevas vías para mejorar el diagnóstico, el tratamiento y la calidad de vida de las personas afectadas.