La hemorragia intracerebral es la forma más grave de ictus y una de las patologías neurológicas con mayor mortalidad. Es relativamente frecuente que en las primeras horas tras el ingreso se tomen decisiones de limitación precoz de tratamientos, es decir, de no iniciar o retirar determinadas intervenciones terapéuticas, generalmente cuando se considera que el pronóstico es muy desfavorable y que estas medidas no aportarán un beneficio real al paciente.