Los fármacos antiagregantes son una de las principales herramientas para prevenir la formación de trombos en personas que han sufrido un infarto, un ictus o que presentan enfermedades cardiovasculares con alto riesgo trombótico. Estos tratamientos actúan reduciendo la capacidad de las plaquetas para agregarse y formar coágulos que puedan obstruir las arterias. Sin embargo, su uso también aumenta el riesgo de hemorragia, una complicación frecuente que limita su utilización en determinados pacientes y que sigue siendo uno de los grandes desafíos de la cardiología actual.
El manejo de la presión arterial tras una trombectomía en ictus isquémico agudo podría requerir un cambio de enfoque. El ensayo clínico HOPE —acrónimo de Hemodynamic Optimization of cerebral Perfusion after Endovascular therapy—, liderado por el Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau), ha demostrado que adaptar los objetivos de presión arterial al grado de reperfusión cerebral mejora de forma significativa la recuperación funcional de los pacientes, sin aumentar el riesgo de complicaciones.
Reducir el daño que sufre el corazón durante un infarto sigue siendo uno de los principales retos en cardiología, incluso cuando se consigue reabrir la arteria coronaria a tiempo. Parte de la lesión miocárdica continúa siendo difícil de evitar pese a los avances en la reperfusión. En la búsqueda de soluciones para limitar este daño, un estudio liderado por el Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau), publicado en European Heart Journal, muestra que la administración intravenosa de atorvastatina durante el propio evento puede mejorar la protección del corazón en comparación con la administración de una dosis de carga oral previa al infarto.
Comparar varias intervenciones sanitarias y decidir cuál es la más adecuada para los pacientes es uno de los retos más complejos en la elaboración de guías clínicas. Un artículo publicado en Annals of Internal Medicine, liderado por investigadores de la Unidad de Síntesis de Evidencia, perteneciente al Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau), presenta una actualización del marco de la evidencia a la decisión (Marco EtD), una herramienta metodológica diseñada para facilitar la toma de decisiones de los paneles que elaboran guías cuando existen múltiples opciones terapéuticas.
Un tipo de ácido graso omega-3 presente en el pescado azul, utilizado en forma de medicamento para reducir los triglicéridos, podría proteger directamente al corazón tras un infarto. Un estudio liderado por el Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) demuestra que el éster etílico del ácido eicosapentaenoico (EPA-E) reduce el daño cardíaco a través de mecanismos que van más allá de su efecto sobre los lípidos en sangre. El trabajo, publicado en la revista European Heart Journal, muestra que este compuesto no solo mejora el perfil lipídico, sino que actúa directamente sobre el tejido cardíaco lesionado, modulando procesos clave como la inflamación, el metabolismo celular y el estrés oxidativo, todos ellos determinantes en la evolución del infarto.